martes, 18 de mayo de 2010

A GABRIEL GUILLÉN, POETA


Gabriel Guillén Martínez fue un poeta. Creo que, desde mi más tierna infancia, me fascinó su persona. Escuché leyendas sobre él, cosas que pudieron o no haber sido, pero que, invariablemente, hicieron que me interesara por leer sus escritos y por preguntar y escuchar a quien pudiera contarme algo que no supiera.
Dicen que se refugió en Socovos, o se exilió, por un desengaño amoroso. Quizás se cansó de vivir como vivía y eligió desaparecer del tumulto. Bien es cierto que sus amigos, un grupo de intelectuales murcianos, intentaron en vano que volviera a publicar y a escribir y nunca lo consiguieron. Su silencio y su ausencia, cuando sus poemas habían sido publicados en revistas literarias y habían sido leídos y apreciados por Juan Ramón Jiménez, no es fácil de entender. Yo creo que nunca dejó de escribir -quien es poeta, y él lo era, en el corazón, siempre tiene un verso acompañando sus pasos-, sólo que  ya no le interesó que nadie lo leyera y lo apreciara por sus escritos. Decidió vivir alejado del mundo, de la fama y del reconocimiento, y actuó en consecuencia.
Mi abuelo no fue una persona tan extraña, me contaba José Antonio, su vecino. Educado y culto, lector empedernido, se aislaba de la gente, pero ahí estaba, cercano, cuando alguien necesitaba saber de leyes o para resolver algún problema si le pedían ayuda.
Bien es cierto que, me contaba, salía por la noche a pasear, tocado con capa y armado de una vela para defenderse de la oscuridad; algunos dicen que iba leyendo mientras caminaba. Qué decir… Ya sabemos que, puestos a hacer una leyenda, las versiones pueden ser incontables.
De los poemas que se conservan, os dejo aquí, como muestra, uno de mis favoritos, titulado “Lux”:

¡Dame aquel lucero, madre!-…
(Intermezzo: besos… llanto…)
-¡Baja despacio, lucero,
cuando duerma, hasta su mano!
…………………………………….
… En el sereno regazo
de la impasible –durmiente-,
¿por qué tendrá el corazón,
el niño, resplandeciente?
 
Añoranza es un “sentimiento de pena que produce la ausencia, privación o pérdida de una persona o cosa muy querida”. Desde que leí el primer poema de Gabriel Guillén Martínez, ese abuelo al que no llegué a conocer, supe que le iba a añorar siempre.

4 comentarios:

Elías dijo...

Enhorabuena por este blog por el que seguro que me pasearé frecuentemente. Esos haiku, esos textos intimistas y ese compromiso... no me lo pierdo.
Y bueno, sobre tu abuelo, compartiendo apellido con el gran Nicolás, buena gente debía de ser. Dejo aquí unos versos de Nicolás Güillén:

El negro
junto al cañaveral.

El yanqui sobre el cañaveral.

La tierra
bajo el cañaveral.

¡Sangre
que se nos va!

NG

Llanos dijo...

Vaya, Elías...me has dado de lleno. Gracias por tus palabras y tus versos, y gracias por descubrirme los haikus. ¿Un abrazote?

Angel Javier dijo...

Conozco a ese poeta y su vida de leyenda! Y he disfrutado con sus versos modernistas.
Suerte en tu blog, Llanos, y un abrazo grande

Llanos dijo...

¿Conoces los versos de mi abuelo, Ángel? Vaya, no lo esperaba...